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En 1960 aparece en EEUU la novela Matar a un ruiseñor y enseguida se convierte en un éxito multitudinario. Gana el Premio Pulitzer y su autora, Harper Lee, será desde entonces una escritora importante en el panorama literario internacional. Sin embargo, ahí quedará resumida su trayectoria: como si se la hubiera tragado la tierra. En 1962 Robert Mulligan dirige la adaptación del libro y surge de ahí una película igualmente excepcional. Sobre el personaje protagonista de la novela y la película acaba de publicar Javier de Lucas Nosotros, que quisimos tanto a Atticus Finch. Ese personaje es, pues, el abogado Atticus Finch. Vive en el pequeño pueblo de Maycomb, Alabama, ese Sur racista dominado por el supremacismo blanco. Tiene Finch un hijo de diez años, Jem, y una hija de seis que se llama Scout. Un hombre negro, Tom Robinson, es acusado de violar a una joven blanca, Mayella Ewel. Es cuando Atticus Finch se encarga de defender al sospechoso de violación. El retrato del personaje es clarísimo. Escribe Javier de Lucas: «Durante más de medio siglo, Atticus Finch, ha sido un modelo, un referente para innumerables profesores y estudiantes de Derecho, abogados, jueces, fiscales y juristas en general; en fin, para muchísimos ciudadanos, o, simplemente, para millones de lectores».

 

 

Nunca descuida la educación de sus hijos. Genera en ellos la necesidad de empatizar con los demás: tenemos que ponernos siempre en el lugar del otro, les dice. En el mundo del Derecho, existe incluso lo que se llama Código Atticus, como reconocimiento a la figura del protagonista de la novela. Y ahora viene la sorpresa: en 2015, un año antes de morir la escritora, aparece una nueva novela de Harper Lee que nadie conocía: Ve y pon un centinela. La había escrito en 1957 y la acción transcurre en los años 50 del pasado siglo. Al recibir el original, la editorial le hizo una recomendación: que revisara a fondo esa historia y a sus personajes protagonistas. De esa revisión surgirá Matar a un ruiseñor, reubicada la historia en los años 30, cuando la Gran Depresión, y la otra novela se quedará en los cajones del olvido. Los protagonistas de Ve y pon un centinela son casi los mismos, con veinte años más encima. La hija regresa al pueblo para unas vacaciones. Ha estudiado Derecho y se encuentra con que su padre y su hermano son ahora defensores del supremacismo blanco. Cómo es posible que se haya producido esa transformación. El propio Javier de Lucas nos da su versión: «En este tiempo he releído varias veces las dos novelas y he vuelto a revisar a menudo la película… Poco a poco, llegué a otra convicción: no hay tal contradicción de fondo, porque desde el comienzo N. H. Lee tenía sobre todo un objetivo, el de escribir sobre el mal que supone el racismo sistémico, arraigado en Monroeville, su pueblo natal, en el Estado de Alabama, en el Sur y también incluso en los propios EEUU». La defensa que lleva a cabo Atticus Finch de Tom Robinson en Matar a un ruiseñor no consigue evitar la condena por parte del jurado (formado por hombres blancos). Y es ahí cuando Jem y Scout Finch conocen a su manera que «la justicia no es lo mismo que el Derecho». La segunda parte del libro nos acerca a la situación actual en EEUU. El movimiento Black Lives Matter, en el que destaca «no sólo su enfrentamiento con la violencia policial, sino su denuncia de la ideología del racismo y del supremacismo blancos, coartadas permanentes contra el reconocimiento efectivo de igualdad a una parte importante de los ciudadanos de EEUU, pues desde hace decenios no afectan sólo a los negros (que siguen siendo el objeto preferente), sino también a los latinos, tal y como lo muestra -a mi juicio- la ejecutoria del presidente Trump». Y es que no hay pasado que se quede a vivir en el pasado. Todo es presente, como decía William Faulkner. Un panorama, pues, el que dibuja el libro de Javier de Lucas, no demasiado complaciente. Pero es que la gran literatura y las películas imprescindibles tampoco lo son. Miren lo que escribe Harper Lee al final de Matar a un ruiseñor: «No hay nada que dé miedo de verdad, excepto en los libros». Por eso si se encuentran con libros o películas que les aseguran una conciencia tranquila, tuerzan el morro, musiten un uuummm de legítima sospecha y pónganse a leer de una tacada las dos novelas de Harper Lee que les acabo de contar y Nosotros, que quisimos tanto a Atticus Finch. Un buen regalo que, en estos tiempos de incertidumbre, seguro que podrán encontrar (y si no que se los pidan) en su pequeña librería habitual.

Ver fuente original: evante-emv